Este es el relato de una escort invitada…..

Hacía poco tiempo que me habían llamado para una entrevista, para iniciar un curso de recepcionista. Hoy era el día de la cita, así que dediqué mi mañana a arreglarme y a ponerme guapa para dar buena impresión.

Al llegar al lugar observé que todas las instalaciones eran nuevas. Me acerqué a recepción preguntado por el nombre que me facilitaron por teléfono y me dijeron que enseguida me atenderían y que esperara sentada. Al poco tiempo apareció un hombre atractivo, rondando los 40 probablemente, que me dió la bienvenida con una amplia sonrisa y algún piropo. Me enseñó las instalaciones más detenidamente de camino a su despacho.

A medida que íbamos caminando me hacía muchas preguntas sobre mí y mi vida privada pero con una gracia y sutileza que apenas me daba cuenta cuando ya le contestaba. Era un hombre muy seductor y envolvente. Una vez en su despacho me dió más detalles sobre el curso, pero no dejaba de mirarme los labios y halagar casi cada parte de mi cuerpo. Había momentos en los que no sé muy bien de qué hablábamos, si del curso o de nosotros. Y, de repente, sin quitarme los ojos de encima me pregunta si me puede besar.

Yo, ya consciente de que todo lo sucedido no eran fantasías mías, me acerqué un poco hacía a él y le pregunté si así consigue que se inscriban las alumnas del centro… Él, sonriente como siempre, me contestó que nunca tendría el valor, pero conmigo no podía evitarlo. Al instante me levanté, fui hacia él y le besé apasionadamente. Me senté encima de él, pero empezó a preocuparse por si algún profesor nos veía. Entonces me cogió de la mano y me llevó a un pasillo por donde no transitaba nadie. Me agarraba de la cintura sin dejarme de besar, metía sus manos bajo mi blusa… Nos entró un calor increíble, pero el sitio no era el adecuado. Realmente era lo que más me gustaba de la situación, la adrenalina de ser pillados, estar en medio de un pasillo con él y no saber qué sucederá en el próximo instante… Pero me dijo que le esperara fuera de la academia, justo al lado estaba el parking. Salí y le esperé toda acalorada y excitada.

No tardó en aparecer de nuevo, me llevó hasta su coche pero no se molestó ni en abrirlo. Me empotró contra la puerta y me empezó a desabrochar la blusa. Tal era la excitación que se rompió un botón que empezó a rodar por el suelo. De repente se oían ruidos, y nos reímos. Me llevó junto al capó de su coche y me dijo que justo en ese ángulo no llegaban las imágenes de la cámara de vigilancia. Me sorprendió la seguridad y exactitud con la que sabía eso, pero me daba igual, baje a hacerle mí francés para acabar de llegar a sus límites pero en lugar de eso me levantó, me dio la vuelta, me abrió las piernas, me cogió de la cintura y sin más dilaciones nos dejamos llevar por el morbo, la excitación, el calor y sobre todo por el placer.


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