Buenas noches Divinos y Divinas,

“Son las 10 de la noche y me he quedado sin tabaco. En frente de casa tengo una gasolinera. No estaba vestida porque acostumbro a andar ligera de ropa, por aquello de la comodidad, pero necesito fumar un cigarrillo. Así que sin ponerme las bragas, con mi cuerpo desnudo, me enfundo en un chandal de Juice Couture, unas zapatillas de Versace, y algo de dinero suelto para el tabaco.

Cuando llego a la calle hace frío, o quizás es mi desnudez interior que hace que sienta el frío. Igual que me corta el viento en la cara, algunos de mis rubios cabellos acarician mi boca golpeados por el viento. Trato de darme prisa, tampoco mucha porque no quiero que mis pechos se muevan sin pedir permiso, y llego a la gasolinera. Noto mientras saco mi cajetilla de la máquina que unos ojos me observan, recorren mi cuerpo y me hacen sentir deseo, me doy la vuelta y unos ojos negros grandes me están desnudando, o quizás ya lo estaba.

Me siento inquieta, confundida mientras me marcho, pero no sé, sigo notando que esos ojos me están siguiendo. Apresuro el paso, estoy agitada, y noto que a mi pensamiento llega la idea de que alguien, el dueño de esos ojos se ha dado cuenta, que soy una escort.

¿Puedo subir?, alguién pregunta mientras saco las llaves de mi bolsillo. No sé por qué dije sí. No pudimos evitarlo, el ascensor se convirtió en cualquier cama. El tabaco me presionaba mientras trataba de seguir montada en su cintura. Fueron unos minutos, tal vez segundos lo que tardamos en entrar en la casa, en seguir montados ahora en el recibidor. Me corrí, me parece que muchas veces. Multiorgásmica, caliente, apasionada o simplemente escort. De repente se fue, ¿qué pasó? ¿no pagó?. Me desperté, bañada en sudor con deseos de fumar un pitillo y recordar que también una escort siente, le paguen o no.”

-Relato de una escort-


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