Eran las 4 de la tarde de uno de esos días en los que parece que nadie se acuerda que existes. Ser escort Madrid a veces tiene estas cosas. El teléfono mudo, la calle desierta y una sensación de que el tiempo no pasa.  Suena el timbre,¡¡¡¡ al fín!!!!!! Todos los mecanismos internos se ponen a funcionar. Corro a subirme en mis mejores amigos, los tacones, descuelgo, y que decepción, es el fontanero que hemos llamado porque como sabéis la ducha estaba rota.

Subo el ascensor y ya me bajo de esos confesores de emociones, de dolores, de defectos corregidos, mis tacones. Ya no son necesarios. Tocan a la puerta, no me apresuro, estoy desinflada, definitivamente será un mal día para eso que yo llamo mi profesión.

Abro y me sorprendo, al subir la mirada. Veo a un hombre alto, fuerte, con una voz agradable y una sonrisa de esas que difícilmente olvidas.

¿Puedo pasar?, – me pregunta- me he quedado sin palabras. Sí claro, pasa, pasa… le acompaño hasta el baño para que vea el problema de la ducha. Se organiza, deja sus herramientas en el suelo, y le dejo con sus quehaceres. Su olor, entre una mezcla de perfume y alguién que trabaja. Resultaba delicioso, morboso, diría que único. Su espalda grande ocupa casi el espacio de mi modesta mampara.

Algo de repente me saca de mis pensamientos. Es una carcajada única. Me acerco de nuevo al lugar donde el fontanero esta riéndose y le veo con el soporte de la ducha encima, – disculpa me dice- su naturalidad era especial, y a diferencia de mí le ponía sonrisa a aquel mal día, y le divertía la cotidianidad de su trabajo. No sé cómo, quizás aprovechándome un poco de mis armas de mujer, le pregunto si no sabrá de persianas, y allá va….

Le llevo a mi habitación favorita, la roja, esa en la que tantas veces vivo mi vida, y no me preguntes como, empiezo a tocar su cuerpo por detrás, recorro su espalda, le tiro de sus ropas de trabajo, toco su pene erecto y unos brazos fuertes se giran y me levantan.

Me tumba en la cama y empieza a amarme, de verdad sentí que era su novia, sus besos no cesaron, los míos tampoco. Saboreé cada momento en esa alcoba, no fué de deseos extraños, no pidió nada que no fuera tradicional. Pero fue tan firme, tan seguro, tan amoroso, tan buen amante, que aún recuerdo y me excito,  a Joselito, así se llama.

Ahora pide cita varias veces por semana. Es trabajo, pero no es trabajo. Es uno de esos proyectos que te engancha. Es uno de esos días que se convierte en inolvidable.

Una escort Madrid que se siente amada … Gracias bombón.


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